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Acostumbrarse, puede ser, pero olvidar, no

Escribe: Adolfo de Gracia – Y uno se va acostumbrando. Que eso es justamente lo que a ellos les conviene.

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Reflexión dominical

Acostumbrarse, puede ser, pero olvidar, no

Escribe: Adolfo de Gracia
Para LA VERDAD.

Y uno se va acostumbrando. Que eso es justamente lo que a ellos les conviene. Les viene muy bien que te acostumbres a vivir cada día enfrentando adversidades creadas o promovidas por ellos mismos por desconocer la realidad, así no tenés oportunidad de pensar, de manera que cuando llegue el momento de votar, olvidado por acostumbramiento de todas la penurias , les vuelvas a poner ingenuamente el voto así pueden seguir en la juerga del poder, disfrutando las cosas buenas de la vida, inalcanzables para vos.

Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a ver las calles sucias, a pasar por caminos semidestruídos, como olvidados por la mano de Dios, sin carteles o con carteles que no se sabe qué dicen porque están borrados de viejos que son, y todo eso porque la plata para renovarlos y para pintarle al pavimento las rayas para tu seguridad, vaya uno a saber a dónde fue a parar aunque desde el Ministerio de Economia te mientan que tu plata te vuelve a vos de alguna manera.
Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando al mal carácter de la gente que anda por las calles y que te agrede como si vos fueras el causante de los males que la irritan. Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a ver ferrocarriles clausurados,convertidos en soberbias ruinas de un progreso que quedó atrás, con pueblos moribundos, fantasmales, que nacieron al paso de esas formidables locomotoras a vapor.
Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a que te digan que el país crece y por otro lado pasás por las provincias de Córdoba, de Santa Fe o de Buenos Aires con su conurbano y te decís con el alma hecha jirones, que si ésas son las provincias más ricas, cómo serán las otras.

Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a que del supermercado cada vez llevás menos cosas a tu casa con la misma plata de un sueldo que no te lo aumentaron o que te lo aumentaron tipo limosna. Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a ver a la gente con escasez en sus mesas en un país increíblemente dotado por la naturaleza para darte de comer a vos, a los que están en la cola de una olla popular y a muchos millones más.
Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a que la televisión te muestre rostros sonrientes y felices frente a un vaso de cerveza, o a un auto nuevo, o a un aperitivo, y vos terminás preguntándote qué Argentina es ésa o creyendo que sos tan feliz como esas hermosas muchachas que te ofrecen de todo, pero que vos, lamentablemente, no podés comprar y, como contrapartida a ese despliegue de alegría y felicidad, cada día te encontrás con más pibes pidiendo monedas por todas partes,.
Y uno se va acostumbrando. Uno se va acostumbrando a que te digan que el delito disminuyó sensiblemente cuando por otro lado te enterás cotidianamente que algún vecino o conocido o amigo o pariente tuyo, para sacarle unos pocos pesos, sufrió una paliza de padre y señor mío la noche anterior o que lo mataron porque no se los quiso dar.
Pero a lo que uno no se tiene que acostumbrar es a perder las esperanzas y para no perderlas no hay que olvidar. Porque acostumbrarse no significa olvidar. Y uno no tiene que olvidar. No tenés que olvidar que la plata del subsidio que entrega un dirigente con su mano regordeta, llena de anillos y cara de generoso, no la puso él. La pusiste vos, ciudadano argentino, cuando compraste la leche, el pan, la carne, los cuadernos para el colegio, o pagaste el gas, la luz y el teléfono, porque ahí te sacaron de tu sueldo nada menos que el 21% para el IVA. Pero claro, está tan bien hecha la trampa que vos ni te das cuenta. Es igual a cuando vas en el colectivo y un carterista te ”pianta” la billetera. Tampoco te tenés que costumbrar a que dejen en la calle, perdiendo su empleo, a 94.500 argentinos a pesar de que por otro lado te dicen que se generaron más de 100.000 puestos de trabajo.
Eso sí, cuando llegue el momento de votar olvidate de todas esos acostumbramientos y de las cosas felices que te mostraron en la tele, pero no te olvides de ponerles un voto que les duela.

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