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A 25 años de una de las inundaciones más grandes de la historia de Junín

En mayo de 1993 la ciudad, al igual que gran parte del noroeste provincial, se vio amenazada por el avance de las aguas. Cómo se vivieron aquellos días y qué medidos se tomaron para brindar respuestas a cientos de juninenses que debieron ser evacuados y contenidos ante la inclemencia climática.

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En mayo de 1993 la ciudad, al igual que gran parte del noroeste provincial, se vio amenazada por el avance de las aguas. Cómo se vivieron aquellos días y qué medidos se tomaron para brindar respuestas a cientos de juninenses que debieron ser evacuados y contenidos ante la inclemencia climática.

Universidad Siglo 21

Mayo de 1993 será un mes difícil de olvidar para muchos juninenses. Sobre todo para aquellos que de alguna manera u otra se vieron envueltos en medio de una de las inundaciones más grandes que le ha tocado soportar a la ciudad en su historia.
La cantidad de milímetros acumulada -más la falta de obras de infraestructura en todo el noroeste bonaerense- hizo que gran parte de la región se vea gravemente afectada por el avance de las aguas.
La trascendencia de los hechos derivó en que el por entonces presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, “baje” a nuestra ciudad para acompañar al ex gobernador Eduardo Duhalde, quien junto al ex intendente Abel Miguel se puso al frente de la situación que excedía los límites de Junín.
Esta semana, La Verdad recordó aquellos fríos días de mayo de 25 años atrás y se entrevistó con ex funcionarios municipales, quienes trabajaron conjuntamente con todas las áreas de la comuna para poder atenuar las consecuencias que dejó la abundancia de lluvias, fundamentalmente en campos aledaños y en barrios como Villa del Parque.

“Fue una situación de emergencia”

“En ese momento yo estaba en la Secretaría de Obras Públicas. Fue una situación de emergencia que se dio debido al exceso de lluvia en toda la región. En ese momento no estaban las obras que ahora sí están. Todo eso se debía a que en La Cañada de las Horquetas el agua no estaba controlada, y la laguna de Junín es el último receptáculo de una importante zona, del Partido de Arenales, de Alem, de Lincoln. En ese momento no existían las obras de canalización que hay ahora”, contó a este diario el agrimensor Hugo Fusé.
“Después de 2001 se hicieron las obras de canalización, nuevos vertederos. En la situación del 93 al vertedero de El Carpincho se lo ayudó haciéndosele unas voladuras. Todas las acciones se coordinaban con la Dirección de Hidráulica, que tenía una delegación en 9 de Julio. No había en ese momento herramientas mecánicas, el municipio tenía un buen equipamiento pero para la conservación de caminos”, destacó el ex funcionario.
“Sobre la avenida de Circunvalación se habían puesto unas bolsas de tierra porque el agua estuvo a punto de pasar a la ciudad. Se sacó también el agua con bombas en un sector del norte de la ciudad, casi sobre la ruta 188. Pero el problema se agravó también en la zona rural, donde todavía se estaba terminando de levantar cosecha”, detalló.
“No sé si fue esta la inundación más grande de la ciudad. Nosotros teníamos el dato en esa época de que había habido otra muy grande entre 1913 y 1914. En ese momento el agua llegó, según dicen, hasta cerca de la plaza 9 de Julio. Pero la del 93 fue una inundación grande, muy grande. Sin dudas”, consideró Fusé.

“Hubo médicos que llegaron a
cruzar en canoa para ir a atender”

“Se implementaron todas las acciones necesarias para asistir a la gente, desde la Secretaría de Bienestar Social y desde la Dirección de Salud. A la unidad sanitaria de Villa del Parque se la dotó especialmente, hubo turnos de enfermería durante las 24 horas, los médicos iban a la mañana y a la tarde, y se hizo un acuerdo con el Hospital para la provisión de una ambulancia”, declaró 25 años después la doctora Miryam Mamondes, por entonces directora de Salud de la Municipalidad de Junín.
“Hubo pacientes que presentaban urgencias y gracias al acuerdo que se hizo en su momento con la doctora Cristina Martínez se los pudo trasladar. Fueron muchos días de aislamiento en Villa del Parque, con muchas complicaciones. A través del sistema de radio se estaba en contacto permanente y en Bienestar Social se llegó a trabajar día y noche para dar asistencia a la gente que estaba inundada”, explicó Mamondes.

“Ese año mayo fue un mes muy frío. Estuvimos brindando la asistencia necesaria hasta que se pudieron restablecer las vías naturales. Con el tiempo la unidad sanitaria de Villa del Parque fue retomando su ritmo normal. Recuerdo que hubo médicos que llegaron a cruzar en canoa para ir a atender, aunque parezca insólito eso sucedió”, sostuvo la ex funcionaria.
“Hubo casos agudos que se pudieron resolver, pero en general el momento fue muy duro. Se acondicionó el salón de la sociedad de fomento de Villa del Parque, desde donde se proveía a la gente de agua mineral, pañales, alimentos, ropa seca, medicamentos y todo lo que era necesario para afrontar una situación que realmente nadie esperaba. Lo peor de esa inundación se dio en mayo, pero quedaron secuelas durante no menos de tres o cuatro meses”, completó.

“Escuchábamos caer un par de gotas
y ya no podíamos volver a dormir”

Marcela Julio, quien en ese entonces era parte del grupo de asistentes sociales que pertenecía a la Secretaría de Seguridad Social, recordó cómo se vivió desde su área la inundación de la ciudad en 1993: “Se trabajó en conjunto con todas las áreas del municipio. Ni bien empezaba a caer el agua salía todo el equipo a trabajar. Nosotros hacíamos el trabajo de asistencia directa con la familia”.
“Cuando la situación era más comprometida nos encargábamos de la evacuación. Trabajábamos todo el día, estábamos de guardia a la noche porque teníamos que ir en todo momento a asistir a la gente que nos llamaba”, afirmó.

Por otro lado, la asistente social habló de lo dificultoso que fue que las personas dejaran sus viviendas: “Tratan por todos los medios de quedarse y resistir hasta que ven que la situación los supera. Tenían miedo de que les roben las cosas”.
Julio, asimismo, mencionó que “hubo algunos casos que nos quedaron marcados, había una mujer que con mucho sacrificio le compró a su hija, que estaba estudiando el secundario, libros y le formó una biblioteca y ella lloraba por eso, no por las otras cosas materiales que perdió. Estuvimos de forma permanente en los barrios, conocíamos cada una sus casos. El tema era proveer de comida, colchones, ropa limpia, después el tema sanitario por todas las enfermedades que acarrea esto. Había que abastecer enseguida de agua mineral”.
Para finalizar, la asistente social contó: “La otra cara de la inundación es la vuelta, cuando el agua baja y ellos regresan a su casa y descubren que ya no tiene nada porque se destruye todo. Ni siquiera las cuatro paredes para vivir. Hay muchísimas historias, la unión en la desesperación me dejó marcada. La solidaridad en estos casos tiene mucho que ver”.

Haciendo Obras 1

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