Seguinos en
Binaria Seguros

La Deportiva

90 minutos de vida

Líneas literarias relacionadas con la redonda y el equipo de nuestra ciudad.

Publicado

el

Escribe: M. Nicolás Uhalt

Foto: Gustavo Zapata

Levantarse temprano con otro espíritu, otra semblanza y otra energía. Leer las páginas del diario La Verdad que hablan de Sarmiento, los medios capitalinos, ver los partidos que se juegan. Agarrar el trapo y partir hacia el estadio. Caminata interminable imaginando el partido con tú viejo, hablando de la táctica y quien va de titular, ayudándolo a tú abuelo a llegar, explicándole ésta pasión a una novia o asistir de fiesta con amigos luego de una previa de bebidas y carne.

Llegar y contemplar al cemento, con una admiración similar a cuando un hombre observa a una mujer de curvas intratables desfilar por alguna vereda de la ciudad. Hablar con un desconocido, de la gente que va a venir, tanto de Junín como de la zona y las distintas ciudades donde se encuentra un corazón verdolaga. Hacer esa cola interminable de tranco corto y lento agarrando y mostrando el carnet con orgullo como identificación Sarmientista. Es ese momento dejás todo de lado, las manos te transpiran, los problemas se van, tenés 90 minutos de vida y en el lugar que más te gusta estar.

Entrás, mirás la tribuna a donde siempre vas vos y rápidamente ojeas el verde césped que siempre luce de gala. Te saludan los compañeros de alambrado, esos que podés ver solamente en la cancha y también están obviamente los de siempre. Te acomodás, ves la gente entrar, al equipo calentando a un costado de la cancha. Esperas ansioso el pitazo inicial y ya te vas imaginando el gol. Sale el equipo, le das la cálida bienvenida a los once titulares. Vivís el partido, cantás, saltás, protestás, te calentás, gozás, sufrís, te alegrás, baja el famoso “uuuh” de la tribuna en alguna situación de peligro y no puede faltar el ¿qué cobrás? Al árbitro designado.

Abrazarte alocadamente cuando hay un gol que lo soñaste toda la semana. Sí, ese gol que VOS sos parte, porque vos también hiciste fuerza para que la pelota entre, desde la popular o de cualquier parte del país, estando solo o acompañado, pero sintiendo que vos también estás jugando y aportando tu granito de arena. Es ese momento tan lindo que nos regala el verde, donde te olvidas de todo, de absolutamente todo y EXPLOTÁS en ese grito interminable que te alegra la vida y te hace sentir vivo.

Llega el final, abrazo con el del al lado, brazos arriba y las manos te quedan coloradas de aplaudir. Te acordás de ese familiar que está en el cielo, de tu amigo que está en el laburo y cantás desaforadamente hasta quedarte sin voz se pierda, empate o se gane. Llegó la hora de partir, aunque sin duda alguna te quedarías esperando los días que sean necesarios hasta el próximo partido de local en la mismísima tribuna, ¿o acaso nadie lo dijo alguna vez con un tono risueño, pero sabiendo por dentro que quería hacerlo?. Más allá del resultado, te vas con la satisfacción de que estuviste en tu casa, con tú gente y que tuviste… 90 MINUTOS DE VIDA.

MÁS NOTICIAS

Más Leidas