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A 35 años de la inauguración del Paseo Sáenz Peña

El día de la apertura, en la pérgola del interior se montó una confitería en la que mozos con guantes sirvieron torta y champagne para los invitados. Un pianista animó la presentación en lo que era ‘La Casa de Catalina’.

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El 4 de diciembre de 1983 se inauguró el Paseo Sáenz Peña, un circuito comercial que transformó la calle principal de la ciudad y marcó un quiebre estético en el área céntrica de Junín.

Con características propias de los paseos de compras que durante los años 80 identificaron a las principales ciudades balnearias de la provincia de Buenos Aires, un estilo arquitectónico típico de aquellos tiempos y acompañado por los nuevos aires que traía el retorno de la democracia, “el Paseo” se convirtió en un núcleo de referencia para comerciantes y consumidores.

El proyecto y la dirección de la obra habían estado a cargo del arquitecto José María Anielli. La propiedad pertenecía a la sucesión Guibelalde y correspondió a los hermanos Larrañaga emprender los trabajos de remodelación del espacio.

El lugar fue construido a nuevo sobre los terrenos en los que supo tener su sede el Auto Moto Club Junín, y su apertura constituyó un acontecimiento social para la época.

El día de la inauguración, en la pérgola del interior del paseo se montó una confitería en la que mozos con guantes sirvieron torta y champagne para los invitados. A su vez un pianista animó la presentación en lo que se llamaba ‘La Casa de Catalina’.

“Mucha gente importante de Junín en aquellos años trajo sus negocios acá. Audiocanje, Joyería Rudis y otros tantos fuimos los que iniciamos. Después una serie de comercios fue cerrando y cambiando de dueño. Los locales eran de una familia que primero los alquilaba y posteriormente los fue vendiendo. Así se establecieron distintos rubros durante muchos años”, recuerda, a la luz del paso del tiempo, Mario Massano en esta entrevista con La Verdad.

“En ese momento nosotros filmamos la inauguración. Teníamos cámaras y equipos para poder hacerlo, tomamos toda la secuencia, fue una jornada hermosa”, cuenta Massano, el único comerciante que en el transcurso de estos 35 años mantuvo sus emprendimientos en el Paseo Sáenz Peña. Su primer local fue el 10, donde instaló Videos, el único de alquiler de películas en VHS y formato Betamax que en ese entonces había en la ciudad. Además distribuía paquetes de videos en la zona, en una época en la que el rubro se popularizaba, y ofrecía servicios de filmación y producción de imágenes y contenidos.

“Llegué a tener una sucursal en calle Francia y otra en la ciudad de Carlos Casares. Eran años del VHS que después se fueron perdiendo, las películas se empezaron a pasar por cable en TV y llegó un momento en que comprarlas dejó de ser negocio. A partir de eso empezamos a volcarnos al video juego, rubro con el que seguimos hasta el día de hoy en el local 15”, repasa.

La confitería ‘La Casa de Catalina’ con el paso del tiempo tuvo nuevos dueños, quienes instalaron varios televisores desde donde se podían ver partidos de fútbol los días domingos.

“Esos chicos le dieron otra tónica al lugar, la gente fue dejando de concurrir poco a poco a la confitería y con el correr de los años el dueño del local alquiló la pérgola a un negocio de venta de ropa femenina”, evoca el comerciante.

Videos, Nets Deportes, People Ten, Le Utthe, Zoom, Vilma Di Felice, Tomino Jeans, Perfumería Fiorella y otras tantas firmas tuvieron su espacio a lo largo de los últimos 35 años en el Paseo, el cual estuvo “siempre bien administrado”, asegura Massano.

“Carlitos Ligera, que fue mi socio, fue el primer administrador. Después los nombres fueron cambiando y vino otra gente. Ediliciamente el Paseo siempre se mantuvo bien, ahora se puede ver que hay algunos techos remendados, pero durante muchos años se conservó la estética y la fachada. Esto en su momento fue una moda, hubo un movimiento muy bueno que después se empezó a perder un poquito. Venían muchos chicos jóvenes que ahora por ahí no se ven tanto”, detalla sobre el cierre del relato.

El Paseo Sáenz Peña significó para varias generaciones un lugar de encuentro. Un espacio de distracción y un punto de referencia comercial que aún hoy, 35 años después de su inauguración, se sostiene.

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