Viernes 27 de octubre de 2017, 07:59

Un linqueño en el equipo que desarrolla anatomía 3D

En el cuarto piso del emblemático edificio semicircular de la facultad de Medicina de La Plata hay una impresora 3D. Los órganos, músculos, huesos o “circuitos” arteriales que imprime, tras horas y más horas de trabajo de los alumnos y docentes que integran el plantel del Laboratorio de Investigaciones Morfológicas Aplicadas, se utilizan para enseñar anatomía en la Cátedra C de la unidad académica -a la que pertenecen los estudiantes y profesores- y en Francia, cuna de las principales escuelas del estudio del cuerpo humano. Un orgullo con mucha historia detrás. Pues en la base del desembarco de la última tecnología en 60 y 120 están los encuentros que hace muchos años mantuvieron el profesor Mario Niveiro, titular de aquella cátedra a principios de los ‘70, con el eminente anatomista francés André Delmas.

Camilo Ruiz y el linqueño Franco Scarpelli, otros dos ayudantes alumnos, se suman a Bárbara Lorea para mostrar un bazo, un corazón al 70 por ciento (los órganos se imprimen a tamaño real, más chicos o más grandes, según la necesidad), huesos, una laringe sana y una enferma. Otro valor agregado de la nueva tecnología.

Hace dos años, cuando se firmó el convenio entre la Facultad de Medicina de La Plata y la Universidad de París-Descartes, la impresora 3D parecía lejana. Hoy es clave en la investigación y enseñanza de la anatomía, o para consulta de cirujanos.

“Hay cirujanos que traen una tomografía de un órgano con una patología, y aquí lo imprimimos tal cual. Eso les permite observar con precisión por dónde y cómo les conviene intervenir”, cuentan.

Bárbara subraya, mostrando el bazo, que “las impresiones son anatómicamente perfectas. Se ajustan al detalle a la descripción que, por ejemplo, hace Rouvière en su libro”.

Impresiones que, en todo su proceso, hacen ellos, los ayudantes alumnos, destaca el profesor Prat. ¿Cómo? A partir de una donante de su cuerpo para que sea estudiado.