Domingo 19 de marzo de 2017, 02:37

Panorama político bonaerese: más dureza, pero con muestras del desgaste

 Los gremios docentes y el gobierno de María Eugenia Vidal volvieron a endurecer sus posiciones en una negociación salarial que se convirtió en un conflicto político de primer orden para el que aún no aparecen vías de solución pese a que, al mismo tiempo, en ambos bandos comenzaron a aparecer las muestras de desgaste, materializadas en grietas en la unidad por un lado y en retrasos en la toma de decisiones y caídas en la valoración social, por el otro.

En el orden público, dos escenas sintetizaron todo. La primera fue la multitudinaria marcha a la Gobernación que, tras desconocer la conciliación obligatoria que la Justicia había ratificado, protagonizaron los docentes junto a los médicos, judiciales y una porción de estatales. Fue el desafío en la calle más importante a Vidal desde que asumió. La segunda, la conferencia de prensa en la que la Gobernadora, un día antes, anunció un inédito premio pecuniario a los docentes que no adhieren a los paros, mientras les pedía a los dirigentes sindicales que informen si son kirchneristas, sin cuestionar ninguna otra eventual identidad político-partidaria.
Lejos de los reflectores, se jugaron otras cuestiones. Vidal, que avanzó así en una estrategia legalmente cuestionable (y anunció una revisión de personerías gremiales de remota concreción), tuvo que retrasar dos decisiones importantes para no dar argumentos a los gremios. Se trató del OK a un aumento de la tarifa eléctrica que ya está definido y a la realización de audiencias públicas para legitimar el incremento de los peajes de las autopistas, un mecanismo que no se había aplicado hasta ahora en ese sector y que se discute en el gabinete. Esa doble postergación es tal vez el mejor ejemplo de los efectos de un conflicto que, por momentos, parece ocupar todo el horizonte para un gobierno que, desde que comenzó, casi no hizo anuncios de importancia sobre otras cuestiones.
Los gremios, por su parte, también están acusando el impacto: a la caída en los niveles de adhesión a los paros, hay que añadir las diferencias entre FEB y SUTEBA, que ya no muestran unidad en la acción. En efecto, la Federación no se plegó a paros nacionales y provinciales, una abstención que, por lo bajo, sus dirigentes atribuyeron a que “las bases no acompañan tanto”. Y que, según ciertos suspicaces, podría estar estimulada por veladas advertencias oficiales sobre lo improcedente de que una Federación maneje códigos de descuentos, un mecanismo que permite, entre otras cosas, dar créditos a los afiliados e implica, para las organizaciones, un negocio millonario. Significativamente, luego de esa decisión, Roberto Baradel comenzó a hablar de “medidas alternativas al paro”.
En definitiva, Vidal terminó de desplegar una agenda pensada en términos del sentido común de una “mayoría silenciosa”, no militante y refractaria al conflicto, que puede elevarla al cielo de la política nacional si triunfa en la pulseada pero que será la primera en pasarle factura si no lo hace. Y los gremios se asomaron a sus propios dilemas: poner el primer mojón fuerte en el combate al “neoliberalismo” o erosionar como hace tiempo no pasaba la legitimidad antes sus bases, es lo que terminó de quedar en juego esta semana para ellos. En ese marco, ¿habrá espacio para prolongar, como teme el gobierno, el conflicto hasta el 6 de abril, cuando la CGT haga el primer paro a Mauricio Macri? Los descuentos por los paros, que llegarán más o menos por esa fecha, son, en la mirada de los funcionarios, el otro punto límite.