Lunes 9 de enero de 2017, 08:05

Inundaciones e incendios dividen al territorio 

Escribe Marien Maluf Agencia DIB

Dos fenómenos climáticos extremos conviven por estos días en la provincia de Buenos Aires: la extrema sequía en el sur y sudoeste contrasta con las intensas lluvias que aún complican a distritos del noroeste. Y mientras productores rurales hablan de un escenario “sin precedentes”, especialistas esbozan posibles respuestas a este inusual acontecimiento climático.

Por un lado, el déficit hídrico provocó diversos focos de incendio -algunos todavía en actividad- que ya afectaron entre 180 y 250 mil hectáreas del sudoeste, de acuerdo a reportes oficiales y de otros organismos. En contraposición, en tanto, se dieron las intensas precipitaciones en el noroeste que aún mantienen campos bajo agua, sobre todo en General Villegas, donde se calculan pérdidas superiores a los 5 mil millones de pesos.

Desde las entidades rurales consideraron que este escenario tan disparmente marcado por el extremo de lluvias y sequía “no tiene precedentes”, por lo que lamentaron que “será un año muy difícil para los productores”.

“Hemos pasado años difíciles, pero no tengo recuerdo de un escenario tan marcado respecto a lluvias y sequías. Sin dudas, este será un año difícil de afrontar para los productores de toda la provincia de Buenos Aires”, dijo a DIB Matías De Velazco, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap). Mientras que el director Ejecutivo de la misma entidad, Alfredo Rodes, consideró que hoy son “contados los distritos que se encuentran en niveles hídricos de normalidad”.

En tanto, a raíz de esta situación el Gobierno provincial recibió el viernes a productores rurales para analizar los casos de los distritos más afectados y comprometió fondos por unos 260 millones de pesos para asistirlos.

En diálogo con esta agencia, el agroclimatólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Eduardo Sierra, relacionó la extrema sequía “a la activación de la circulación polar, que provocó el avance de la frontera de la Patagonia hacia el sudoeste bonaerense y parte de La Pampa”, y en ese sentido, sostuvo que “debería empezar a pensarse en un cambio de región por la similitud con el clima patagónico”.

Asimismo, atribuyó las intensas lluvias a la energía que quedó en la atmósfera luego del denominado ‘Súper Niño’, que se dio el año pasado. “Después de un fenómeno de esas características el clima queda perturbado unos tres o cuatro años, y sumado a la mano del hombre, las consecuencias de los eventos climáticos de fuertes lluvias provocan las grandes inundaciones”, consignó.

En tanto, la licenciada en Ciencias de la Atmósfera del Instituto Clima y Agua del INTA, Natalia Gattinoni, explicó a DIB los acontecimientos desde una perspectiva diferente. Para la especialista, no influyen los “forzantes meteorológicos a escala global”, como podría ser El Niño, que según indicó “está en una fase neutral”. Por el contrario, “el predominio está dado por fenómenos locales y de más corta duración, así como también por la variabilidad climática propia de la época del año”.
Gattinoni sostuvo que “hay una circulación del norte que aporta una masa de aire húmedo, pero lo que resta dilucidar es por qué queda restringido sólo al norte y no alcanza al sur de la provincia, que a su vez recibe los sistemas frontales sin humedad”. Y en ese sentido, consideró que se puede trazar una línea horizontal casi en el centro de la provincia que diferencia un clima del otro.

En la región de General Villegas, donde la media de precipitaciones anual es de 850 milímetros llovieron unos 1.500. Mientras que en la localidad de Piedritas, una de las más afectadas, se superó los 1.700 mm. En tanto en el sudoeste, si bien el promedio anual no se vio alterado, el problema comenzó en diciembre cuando llovió menos del 25 por ciento de lo esperado.

El contraste también puede verse en el trabajo diario. “En algunos campos del noroeste las máquinas no pueden ingresar por falta de piso”, dijo a DIB la titular del INTA de General Villegas, Alicia Otero. Mientras que en el sudoeste, los productores atrasan la cosecha para prevenir los incendios. “Ante la mínima chispa puede provocarse el fuego, también por eso el trabajo se va atrasando”, indicó Rodes.

Desde Villegas, donde además del campo varias localidades se vieron afectadas e incluso aisladas, Otero indicó que cuando el panorama comenzaba a mejorar tras las inundaciones de octubre y noviembre, las lluvias de diciembre complicaron aún más. Y si bien dijo que la mayor afectación está en los cultivos de soja, consideró que la preocupación hoy en día “está centrada en las dificultades para que las napas comiencen a bajar de cara a las condiciones de cosecha para el otoño, tanto por el estado de los cultivos, como el estado del piso para levantar”.

En tanto, respecto a las pérdidas, desde la Sociedad Rural local, el productor Gabriel Quiroga consideró que “superan los 5 mil millones” anunciados por esa entidad el mes pasado, debido que esa cifra “no tuvo en consideración los últimos acontecimientos”.

En el sudoeste aún no hay cifras que contabilicen las pérdidas, aunque se estima que son millonarias si se tiene en cuenta los cultivos perdidos, el ganado muerto y las estructuras, como alambrados y tranqueras, destruidos por el fuego. “Muchos productores perdieron hasta las casas en el campo. El panorama es desolador, ves por un lado el ganado carbonizado y por el otro te preguntás cómo vas a alimentar el que quedó en pie, porque el incendio también arrasó con los pastos”, graficó a esta agencia Fernando Ostrovsky, productor de Algarrobo, la localidad de Villarino más afectada por el fuego.

Si bien la afectación es dispar, desde la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca, señalaron a DIB que la sequía se extiende por las doce comunas que integran el sudoeste. “La soja de segunda no se pudo sembrar y el maíz de segunda necesitaría agua cuanto antes para poder desarrollarse con normalidad”, señaló la ingeniera agrónoma de esa entidad, María Elena Antonelli. Mientras que respecto al trigo consideró que la cosecha está avanzada en un 80 por ciento y que si bien los “rindes son buenos, se esperaba un poco más”.